
A veces necesitamos rompernos para reencontrarnos.
El otro día veía una entrevista de un actor muy famoso en Colombia y hablaba del fracaso como una nueva oportunidad para renacer. Vivimos aferrados a la idea de que si no ganamos somos unos perdedores, cuando el verdadero triunfo está en disfrutar del proceso y aprender.
¿Aprender? Sí, aprender a equivocarnos. Aprender nuevos conocimientos, pero sobre todo, aprender a gestionar toda la montaña de emociones que nos genera el viaje.
Un viaje que puede ser feliz, estresante, divertido doloroso, difícil…Y cuando hablo de viaje me refiero a todo tipo de situación en la que te puedas encontrar: una relación sentimental, tu trabajo, en tu familia, tus amistades.
Lo primero que debes de entender es que no todos son como tú. No puedes esperar a que tu pareja no te hiera, porque tú no lo harías. Tu vecino riega la basura en tu puerta y cree que no ha hecho nada malo. Sin embargo, tú te mueres de cólera y no creas que lo estoy excusando. Hasta yo me enfadaría mucho.
Son las expectativas las que nos llevan al vacío y nos dejan un vacío enorme. Nos rompen hasta las lágrimas. Y es ahí, después de aceptar y navegar el dolor, donde debemos buscar el para qué de este momento. Nada en la vida pasa porque sí.
Y te preguntarás, ¿es necesario tocar fondo, sentir esto que siento? Algunas veces sí. Algunas veces nuestros corazones se tienen que romper para permitir que nueva luz entre. Ábrele la puerta a esa luz. Sanarás, te lo prometo.
Con gratitud,
Caro







